LA HISPANIDAD Y CARTAGENA

LA HISPANIDAD Y CARTAGENA

Con ese tufo especial que cada vez apesta más a tiempos arcaicos casposos, a campos de batallitas generadas en la ya chocha memoria del abuelo, Cartagena, una vez más, y ya van muchas, ha demostrado con sus hechos municipales que desde el ayuntamiento, la Trinca, puede hacer lo que le venga en gana, porque no pasa naica.

Un grupo de gente emprendedora, unos afincados en Cartagena y otros de fuera de la ciudad; de una ciudad, Cartagena, que no conmemora con tristeza los degüellos de paisanos por parte del imperio, el mal denominado Imperio Romano, hasta ahora de los más perniciosos que se conocen en la historia de los hombres, sino que celebra el tal posible degüello como fiesta mayor a recordar de un modo jocoso y festero, al empeño; al modo y manera del citado grupo de personas constituido como asociación (creo que el nombre completo es Asociación Héroes de Cavite. Hispanistas) se han reunido a contrapelo del enemigo número uno de la cultura de la ciudad: el Ayuntamiento cartagenero, propiedad particular del postureo y la incultura.

Y así, un ayuntamiento, mangoneado por un triunvirato que se llevan de sueldos ellos solitos (gastos aparte) más de doscientos mil euros mensuales, mientras que un restante munícipes y vecinos, nos mantenemos con la boca abierta tragando moscas, carros y carretas; pues bien, encima, por fuera de todo aquello que no conlleve el protagonismo de sus carencias personales, ya ni vale ni lo publicitan sus trompeteros de la información siempre atentos a glosar las nulidades de la trinca y su tripulación.

Y el hecho radica; es lo mismico, que si a este sirvo entre los siervos, le dieran una batuta para dirigir una orquesta, inmediatamente todo el mundo se percataría de su total carencia de conocimiento musical y menos de director de orquesta. La Trinca, hace ya mucho meses que dejó bien claro que ellos están en el ayuntamiento para lo que están: haciendo todo lo humanamente posible para cobrar todo lo más que puedan y ver el modo de si pueden repetir sillón.

La cultura; cualquier expresión cultural que no lleve la foto de ellos como centro y referentes, ni vale ni le dedican partidas de ayuda alguna, salvo que sea para asuntos que afecte a palos secos, con o sin peluca, sectarios, u órdenes directas de los que ellos entienden que son “sus jefes” a los que deben obediencia y respeto, nunca al pueblo, al vecindario que estamos soportando una situación política anómala tremenda y descarada, tan solo con aptitudes y protocolos para marrear partidas económicas.

Los partidos políticos que operan en Cartagena, al margen de que con sus tufos pueblerinos localistas lo único que denuncian es su clara vocación mendruguera, no dejan, salvo los desfiles “prosesionarios” y los hipotéticos históricos degüellos vecinales, que ninguna actividad cultural prospere. Y como al mando de los poderes existe gente que no ha leído, y se jacta de ello, en toda su vida un libro, no hay feria del libro.

Y como tampoco gusta el llamado séptimo arte, el cine, el Festival del Cine del Mar, también se lo cargaron, porque la realidad social de la ciudad lo que más le pesa al meollo al mando, es que exista una Universidad Politécnica, y no existan seminarios y academias militares de los que surjan los valores patrios que la ciencia y el conocimiento en modo alguno puede hacer surgir.

Aunque soy de los que piensa que la Hispanidad es algo nuestro, del pueblo, de la gente, y ningún estamento oficial, salvo el popular, puede o debe hacer alarde de su existencia, la obligación de un ayuntamiento que estuviera a favor de su vecindario y la cultura, sería apoyar las demandas de sus vecinos y no solamente la de los partidos políticos y las sectas religiosas y de sus amichis.

Salud y Felicidad sin Covid. Juan Eladio Palmis

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