QUE VENGAN

En realidad no sé quién habrá sido el lumbreras que ha puesto sobre un renglón publicitando, la definición de que existe un turismo inteligente; Que, tal cosa, estaría motivado entonces porque existiría el turismo de los tontos o de los gilipollas.

Y pienso que esa forma de pensar y expresión, es el fruto del cuzco cartagenero, que, por las circunstancias personales que sean, en ocasiones porque es tan enorme su paletismo que hasta le da miedo, como sigue pensando con su fascismo local que todo lo que hay fuera no vale, a Cartagena tendría que venir todo el mundo para percatarse de cómo se nos cae el pelo sin tener que peinarnos.

Los que somos gentes viajadas y hemos estado en otros lugares fuera de Cartagueto, sabemos que el sol sale cada día por el mismo cardinal que le sale a Cartagena. Con la diferencia que en aquellos lugares donde sale por la mar y por una Manga de tierra bañada por las aguas, está protegida y conservada, y sus ediles podrán tener cuentas en clave en Belice o Bahamas, pero han sido, a diferencia de los cartageneros, muchísimo más consecuentes y respetuosos con el medio ambiente.

Y también sabemos que nosotros, los blancos, salvo excepciones, cuando visitamos países que despectivamente tenemos identificados y definidos como pertenecientes, no a la tercera posición económica por culpa del amasijo religión-dinero, sino que los tenemos en la lista como los de el tercer mundo; claro está, porque su gente son unos gandules: nada que ver con las panzás a trabajar que se pegan en España, más del ochenta por ciento de los funcionarios municipales, regionales y nacionales.

Y cuando llegan esos blanquitos inteligentes, con sus móviles de última generación, con sus zapatillas de marcas conocidas, nada que ver con las pateras, las familias oriundas del lugar que conocen la generosidad del blanco, llegue en zapatillas de marca, sotana, o con gafas de sol con cristales polarizados, salvo los que hayan sido ya humillados en oleadas blancas anteriores, procuran esconder a sus hijas o hijos de tierna edad, evitando que los violen los que llegan.

El blanco que llega o llegó hace ya más de un siglo a establecerse con las tecnologías modernas en lo que el sistema ha denominado como tercer mundo, todo aquel que haya visitado por una razón u otra las tierras por donde hemos pasado los blancos arrasando bosques, selvas, explotando minas, y vejando gentes oriundas, es lo que se publicita como la llegada del progreso; Que, como último recurso, enseña a los caciques de los lugares a donde llega a que sean más hijos de puta, si lo son poco.

Les está costando entender a países que han sufrido y siguen sufriendo la llegada de la civilización, que el turismo, el que venga gente de fuera, ninguno trae un pan bajo el brazo; y, como último recurso, si no pude depredar nada, nos dejara un montón de su basura.

Cartagena fue la mejor Cartagena que servidor ha conocido, cuando era una ciudad que ni creía en el turismo inteligente, ni en el turismo contrario: el gilipollas; Cuando con un solo alcalde, le sobraba la mitad, y no necesitaba de tres como ahora y una treintena de asesores; y tenía abierta la Escuela de Aprendices de Bazán, construía buques; Y si tiraba algún coctel explosivo, lo hacía contra el espacio de donde le venía el mal: “la casica de los gandules bien peinados del paseo”, no a gente que está denunciando el brutal amasijo superstición-intereses de fuera, que han hecho de Cartagena un lugar de guardar los jóvenes del turismo inteligente.

Y porque por la desolación reinante, me miro más que nunca al espejo por si el color de mi piel ha cambiado para estar acorde con el tercer mundo en el que nos han metido.

Salud y Felicidad sin covid. Juan Eladio Palmis.

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