EL VELLÓN CARTAGINÉS

EL VELLÓN CARTAGINÉS

En adelante, solamente por descuido de una inercia de años, podré escribir en lo sucesivo el gentilicio de las gentes de Cartagena con el sufijo, que nació de un modo despectivo intentando diferenciar la verdadera raíz ciudadana con el “ero” o “era”, porque al margen de que está aplicado a capricho de caciques del renglón histórico, lo de cartaginés o cartaginesa, es lo que le corresponde sin desprecio alguno a un origen social norteafricano.

Si en la actualidad estamos viendo como unos medios de comunicación poderosos, en monopolio informativo, nos llevan y nos traen del modo y manera que ponen de actualidad los “temas” que “interesan” en todo momento, tapando, cubriendo y dejando en el olvido informativo los verdaderos acontecimientos que nos están afectando, qué no habrá sido durante muchos años donde ni se podía opinar (en realidad como ahora) ni se podía publicitar absolutamente nada que no fuera aquello que interesara al clero y al príncipe.

De ahí, que el vellón de Burgos, de Castilla, tuviese tanto valor o más que el Astracán oriental; y, una vez más, el suave y domesticado vellón cartaginés, pasó y ha pasado desapercibido en el comercio, cuando políticamente si existe un pueblo al que se le pueden hacer toda clase de putadas y no reacciona como debe de ser, es el cartaginés.

Estamos presenciando con una total indiferencia como por el voto económico de unos tránsfugas emboscados pero tragando beneficios a porrillo, según ellos adquiridos y heredados en las urnas, asemejados a pavos tragando maíz, a una comunidad, a una Cortijá, para el caso la murciana, la están desvalijando al tiempo que la han dejado sin dignidad y siendo el hazmerreir no ya de sus entornos geográficos, sino de todos los continentes que, como los mismos tránsfugas, van a la deriva imparables en su choque.

Dice el Lorzas y su tripulación de tiñalpas (no empleo respeto porque ellos no lo tienen para la ciudadanía que están expoliando y humillando), que tenemos que agudizar el ingenio para ayudarles a él y a su citada tripulación de tiñalpas a renaturalizar (o no sé qué pijo) el Mar Menor Muerto, mientras los chorros, las toneladas de purines de chino, de alcantarillados, de aguajes de los cultivos agrícolas con veneno, circulan hacia al gran colector retrete que para la señalada tripulación de tiñalpas es el Mar Menor, al que le están aplicando partidas de urgencia de dinero público para llenarse ellos los bolsillos, porque, claro está, las granujerías no se hacen ante escribanos públicos, pero huelen tanto, que apestan.

Porque expropiar un terreno del Estado, El Carmolí, que parece ser que ni todavía se le ha abonado a sus verdaderos y originales dueños cuando lo expropio el Gobierno de la Nación con fines militares de defensa allá por años del segundo decenio del siglo pasado, suena como una grotesca carcajada cuyo aliento lo único que hace es llenar de más basura de indiferencia al vellón cartaginés, supuesto que el Carmolí es un ejido (al parecer) municipal de uno de los ayuntamientos que espejea tranquilamente y sin sobresaltos que los intereses particulares de los concejales y el triunvirato en cabeza de los grandes trincadores, son la dignidad que, por la pasividad social de la repuesta, es lo que nos merecemos.

La dignidad del silencio franquista, de los perdedores de la guerra, a los que después, con un silencio idéntico, se les unieron los denominados como ganadores, los dos silencios, no tuvieron nunca la cobardía social del silencio actual cartaginés, que está generando o ya ha generado un alto valor a la lana de vellón de la manada cartaginesa.

Salud y Felicidad sin covid. Juan Eladio Palmis

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